En muchas casas de The English School la conversación ya ha llegado: “Ama/aita, ¿puedo usar ChatGPT para los deberes?” A veces lo preguntan, a veces… ya lo han usado. Y es normal que nos genere dudas: no queremos prohibir por miedo, pero tampoco que la IA sustituya el esfuerzo, la lectura o el pensamiento propio.
Desde Altxa Burua – The English School defendemos una idea sencilla: la tecnología puede sumar, pero en la infancia y adolescencia necesita marco, acompañamiento y coherencia (familia–escuela).
1) Cambiemos la pregunta: no es “¿IA sí o no?”, es “¿para qué y cómo?”
La IA puede ser una buena herramienta si se usa como:
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Tutor: explica un concepto con otro ejemplo, paso a paso.
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Entrenador: propone ejercicios similares y corrige con pistas.
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Editor: ayuda a mejorar una redacción (sin escribirla entera).
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Planificador: ayuda a organizar un trabajo (índice, calendario, pasos).
Pero se convierte en atajo cuando:
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resuelve el ejercicio sin que el alumno entienda,
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redacta trabajos completos,
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o da respuestas que se copian tal cual.
2) Adolescencia e IA: lo que cambia (y cómo acompañarlo sin entrar en modo policía)
Con adolescentes, el reto no es solo “que no copien”, sino que construyan criterio. Suelen usar IA para:
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“Dame un resumen de esto” (sin leer el original).
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“Hazme una introducción/conclusión”.
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“Resuélveme el problema y ya lo paso a limpio”.
Aquí ayuda mucho pasar del control al acuerdo claro:
Acuerdo A: “La IA no puede sustituir tu pensamiento.”
La idea es que la IA sea entrenador, no autor. Una señal práctica: si no pueden defender lo que entregan en 2 minutos, es que la IA se lo ha comido.
Acuerdo B: “Transparencia: si usas IA, lo dices.”
En casa, normalicemos que usar IA no es “hacer trampas” por defecto; lo problemático es usarla para saltarse el aprendizaje o a escondidas. Muchos adolescentes esconden el uso por miedo a bronca, y eso empeora la conversación.
Acuerdo C: “Verificación.”
La IA se equivoca, inventa fuentes o simplifica demasiado. Enseñarles a comprobar (libro, apuntes, profesor/a, dos fuentes) es una habilidad clave.
Un truco que funciona: la “pregunta espejo”
“Vale, ¿qué te ha aclarado la IA y qué parte sigues sin entender?”
Si hay respuesta concreta, la IA está ayudando. Si no, probablemente está sustituyendo.
3) Tres reglas de oro “anti-copia” (fáciles de mantener)
Estas normas funcionan especialmente bien en Primaria alta y primeros cursos de ESO:
Regla 1: primero “mi intento”, luego IA.
Antes de consultar, que escriban su propio borrador: operaciones, ideas clave, esquema o respuestas aproximadas.
Regla 2: la IA debe “explicar”, no “dar la solución final”.
Un buen prompt (petición) sería:
“Explícame este problema como si tuviera 12–14 años, con un ejemplo parecido. Luego revisa mi intento y dime solo pistas, no la respuesta final.”
Regla 3: siempre hay “prueba de comprensión”.
Después de usar IA, deben poder:
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resumirlo con sus palabras en 3 frases, o
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hacer un ejercicio parecido sin ayuda.
4) “He consultado IA para ayudarle… y me siento culpable”: padres y madres, respiremos
Esto pasa muchísimo: el temario cambia, el inglés, las mates, la ciencia… y a veces llegamos tarde, cansados, y solo queremos acompañar sin discutir.
Usar IA como adulto no te convierte en “mal ejemplo”. Puede ser, de hecho, un modelaje excelente si lo hacemos con intención:
Cómo usar IA sin culpa (y convirtiéndolo en aprendizaje)
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Dilo en voz alta: “Voy a consultar esto para entenderlo mejor y poder explicártelo”.
Estás enseñando una habilidad valiosa: pedir ayuda y aprender. -
Úsala para entender tú, no para darle la respuesta al niño:
“Explícame el método” mejor que “dame el resultado”. -
Pregunta por errores típicos y una explicación simple:
“¿Cuáles son los fallos más comunes en este tipo de problemas?” -
Comparte el proceso: “Mira, aquí dice X. Vamos a comprobarlo en el libro/apuntes.”
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Pon un límite de tiempo: 5–10 minutos de IA como apoyo, y después vuelta al cuaderno.
La culpa suele venir de una idea irreal: “debería saber ayudar sin herramientas”. Pero en la vida real, los adultos usamos recursos (libros, vídeos, profesores, internet). La clave es no reemplazar al niño, sino facilitar que lo entienda.
Modelo Altxa Burua: no buscamos perfección, buscamos coherencia y hábitos sostenibles.
5) IA + pantallas: lo que más nos interesa cuidar es el hábito
La discusión de la IA suele destapar otra cuestión: más tiempo de pantalla (y más difícil desconectar). Aquí no buscamos prohibir, sino proteger rutinas:
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Deberes en un espacio común (salón/cocina): facilita acompañamiento sin “policía” y reduce la multitarea.
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Islas sin pantallas: comidas, última hora antes de dormir y ratos de estudio concentrado.
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Si hay dispositivo, que sea con acuerdos: horarios, notificaciones fuera, y prioridades claras (estudio, descanso, deporte, lectura).
Para llevar a la práctica: pacto familiar IA-Deberes (20 minutos)
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Elegid juntos 3 usos permitidos de IA (explicar, practicar, revisar).
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Escribid 3 usos no permitidos (copiar-pegar, trabajos enteros, saltarse lectura).
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Acordad la “prueba de comprensión” (resumen + ejercicio similar).
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Definid el “modo ayuda en casa”: padres pueden usar IA para entender y explicar, sin dar la respuesta.
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Revisión semanal de 5 minutos: ¿la IA nos ha dado autonomía o nos ha quitado práctica?
Si como comunidad remamos en la misma dirección (igual que con el retraso del primer móvil), es más fácil sostener límites sin que nadie se sienta “el raro” en clase.
En tu casa, ¿la IA está ayudando a aprender… o está ayudando a terminar rápido?
Y como adulto, ¿te ayudaría tener 2–3 prompts “seguros” para acompañar deberes sin culpa?




